¿Lo he soñado?

La realidad copia a los sueños. Gabriel García Márquez.

Nada hay tan novelesco como la realidad.
Advertencia de la película EL CLAVO.

08 enero 2012

Una novela: Derrumbe

Entrevista al autor de la novela.


Los miedos contemporáneos, desde los más inmediatos a los más metafísicos, se esconden y perciben en las imágenes, fogonazos y potentes elipsis que ha trazado el asturiano Ricardo Menéndez Salmón en su nueva novela, "Derrumbe".
Los miedos contemporáneos, desde los más inmediatos a los más metafísicos, se esconden y perciben en las imágenes, fogonazos y potentes elipsis que ha trazado el asturiano Ricardo Menéndez Salmón en su nueva novela, "Derrumbe".

Una obra editada por Seix Barral en la que este joven narrador (Gijón 1979) deja atrás la distancia temporal de su anterior éxito, "La ofensa", ambientada en la época nazi, para ligar los tiempos a un presente en el que se impone "el miedo al miedo", dijo entrevistado por EFE.

Miedos por el "fracaso de las relaciones humanas que más importan como las relaciones entre padres e hijos, en las parejas..", o por "falta de un sentido visible para el mundo en que nos ha tocado vivir", explica Menéndez Salmón.

Y al narrar las distintas formas que adopta el terror en nuestro tiempo, el escritor logra que el miedo a la incomunicación, a la soledad, a la tecnología, a la desolación o a la falta de valores inquieten al lector de su breve pero intensa novela, nutrida de pensadores de la lógica del mal (Nietzsche, Schopenhauer), ese compañero radical de la especie humana.

Menéndez Salmón dice que ante el mundo que nos rodea y por más fabulación que intentemos de la realidad, ésta es siempre "infinitamente más terrible que nuestras peores pesadillas".

"De ahí que uno tienda a pensar que el verdadero enigma no radica tanto en la maldad, que al fin y al cabo es el ejercicio de la libertad -indica-, sino en que aún haya gente buena, pura y limpia de corazón".

"Derrumbe", en su doble sentido físico (de un cuerpo o un edificio) o ideológico, (de un mundo) apunta a un nihilismo de signo diferente al que surgió a finales del siglo XIX para acabar con la injusticia social.

"Lo que hoy mueve a los jóvenes es el reflejo de la sociedad de la náusea y del hartazgo", constata este narrador-filósofo al que la crítica ha calificado ya de "maduro y sólido". "Mi escritura se adelgaza con los años, cada vez mis libros son más hueso y menos grasa", dice Menéndez Salmón.

En su novela habla de "bisutería del alma y del cuerpo" para expresar cómo una serie de objetos inútiles "nos conducen a un mundo vacío, donde es evidente el fracaso personal".

"El nihilismo de esta obra no se opone a la opresión, sino que se manifiesta como intento de afirmación de los jóvenes protagonistas a través de la violencia, contra la sociedad de la abundancia", aclara, y refleja ese exceso en un enorme parque temático llamado Corporama, Soma o Hermafrodita porque reproduce un gigantesco cuerpo humano.

"Derrumbe" arranca con la peripecia de un asesino en serie en un lenguaje brutal, a hachazos, pero de enorme capacidad visual para crear una atmósfera sobrecogedora.

"Quería un lenguaje seco, como la actuación del asesino", explica el escritor que quiso evitar los juicios morales. "El asesino no se detiene a pensar lo que hace y yo quería que el lector tuviera esa sensación".

Una segunda parte del libro, titulada "El mundo bajo la caperuza del loco", cuenta cómo una pandilla de jóvenes se dedican a introducir agujas en botellas de leche, y la novela se vuelve más reflexiva, hasta la parte final, "Padres sin hijos", cuando aparece la risa.

La joven Vera ríe alentada por su padre, pero su risa es sólo una máscara, pues realmente llora "por su edad, por su tiempo, por todo cuanto ya, tan joven, resultaba irrecuperable".

Así el autor va mas allá de la desesperación y abre una cierta esperanza. "Tal vez -confiesa- el nacimiento de mi hija, que ahora tiene tres meses, me influyera a reconciliarme con el

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