¿Lo he soñado?

La realidad copia a los sueños. Gabriel García Márquez.

Nada hay tan novelesco como la realidad.
Advertencia de la película EL CLAVO.

29 marzo 2016

PRAGA, la novia bohemia del Moldava


Adentrarse en una ciudad tan cautivadora, como Praga, con reflejos dorados y mágicos, supone recorrer un espectro arquitectónico que abarca más de mil años. Podemos comprobar la evolución
de la arquitectura desde el sencillo rómanico, trasladarnos al majestuoso gótico, pasando por la elegancia renacentista y llegar al barroco más deslumbrante. Su belleza barroca atrapa al visitante
y le permite descubrir aspectos renacentistas o modernistas ligados al sensual art nouveau.
Incluso hay una Praga cubista en la calle Libuse. 


Elevando la vista divisamos los siniestros pináculos de sus  torrres, que aguijonean las brumas del cielo y el alma de los turistas. El Moldava, celoso, refleja en sus aguas sus encantos bohemios
y barrocos. Abajo la impresionante Plaza de la Ciudad Vieja (Staromestké Námesti, que dicen los lugareños). Dejo algunos nombres en checo para que no olvidemos esta endemoniada lengua eslava.


Los visitantes descubren una ciudad de cuento de hadas, salvo por las hordas de turistas. Recorren
sus avenidas hasta la extenuación y combaten el riesgo latente de deshidratación (las caminatas diarias suelen superar los 14 kilómetros) con la cerveza. Los checos dicen que más que una bebida
es un alimento. El agotador deambular por las calles adoquinadas de Praga requiere disfrutar
de esa gran variedad de cervezas que elaboran.
 La "pivo", como ellos llaman, que más se aprecia es la Pilsner Urquel, inventada en 1842. Las cervezas artesanales son imprescindibles por su auténtico sabor. Algunas como la clásica lezak o rubia suave y otras como la kávové pivo, con sabor a café. Incluso el medallista checo Lukas Pollert, dice que se trata de una estimulante bebida iónica.

La ciudad de las cien torres invita a iniciar el recorrido que hacían los monarcas al entrar en Praga.
Comenzando por la torre de la Pólvora (Prasná Brána). Notable muestra del gótico tardío.Separa la Ciudad Vieja de la Nueva. Desde aquí comienza la peatonal y comercial calle Celetná. 


EL PUENTE DE CARLOS. Como si la alquimia siempre estuviese presente, se contruyó en fechas capicúas por Carlos IV, ya que cuentan que la primera piedra se colocó el noveno día del séptimo mes de 1.357, a las 5,31 horas. Lo que implica: 1-3-5-7-9-7-5-3-1. Sea o no preludio del cáculo de Bolzano o en honor a Brahe (enterrado en Nuestra Señora del Tyn), uno de los grandes matemáticos, a los que dicen que mató su discípulo Kepler, la leyenda de la mágica Praga se remonta al espiritu de Abraham ben Jakob de Córdoba, cuando el puente era de madera.
El puente es la mayor construcción de obra civil medieval del planeta. Lo atraviesan más de cinco millones de turistas cada año.

   
La historia hace que aparezcan escalofríos si el paseante, al atardecer, escucha el relato de los condes rebeldes contra los Habsburgo y que fueron decapitados por Fernando I, y que doce de sus cabezas permanecieron expuestas entre las estatuas que flanquean el famoso puente, durante....diez años. La insurrección bohemia fue el comienzo de la Guerra de los Treinta Años.   
La historia de Praga está plagada de defenestraciones para derrocar a los monarcas. Después la famosa Primavera de Praga  en 1968 trató de acelerar la crisis del comunismo, que finalmente derribó  la Revolución de Terciopelo en 1989. coincidiendo con la caída del Muro de Berlín. 

 En Praga el arte florece con la música Mozart, con la literatura de Kafka que creció en la Ciudad Vieja y  con la poesía de Rilke.

Antes de cruzar el Puente de Carlos, debemos deternos en el Klementinum, situado en la antigua Iglesia de San Clemente y disfrutar de la sensacional Biblioteca Nacional, que alberga más de 6 millones de obras, con globos terráqueos y celestes. Si ascendemos al torreón podremos realizar una perfecta fotografía panorámica de la ciudad. 


El cine no podía dejar de recurrir a una ciudad tan bella como Praga. Recientemene me referí  a LA MEJOR OFERTA, como una inolvidable y truculenta unión entre el arte y el amor misterioso. En otras ocasiones se busca la intriga de MISION IMPOSIBLE.



 El tranvía que recorre la linea 22 nos evitará la fatiga que supone el ascenso al Castillo. El Castillo constituye el símbolo de Praga, es un complejo de iglesias, casas y palacios (residencia el Presidente de la República Checa). Ocupa una superficie de unas 7 hectáreas y es el corazón historico del pais. Podremos contemplar el cambio de guardia y los uniformes que el presidente y exdramaturgo Vaclav Havel encargó al director de vestuario de la película Amadeus.

También podemos contemplar el colorido de las casitas del Callejón de Oro. Kafka vivió en el número 22 entre 1916 y 1917. Y por supuesto, la majestuosa Catedral de San Vito. Iniciada en  1344, no terminó de construirse hasta 1929. Una elevada nave gótica es iluminada por fascinantes vidrieras, rinde homenaje a San Wenceslao con una mágnifica capilla. No podemos dejar de admirar los fantásticos vitrales,  estampados por Alfons Mucha en 1931








Al salir nos quitaremos unos cuantos años de encima si "tocamos la fuente de la eterna juventud".Curiosamente, son las damas las que más se acercan a "palpar" esa fuente.


Bajando de El Castillo nos encontramos en Malá Strana (Barrio Pequeño), que es por excelencia el barrio barroco de Praga, Comienza con las dos maravillosas torres donde finaliza el Puente de Carlos. La más pequeña es la torre de Judit. Es más antigua que la más alta, que es renacentista.     


 De regreso podemos ver el Reloj Astrónomico, sólo comparable al de la catedral de Estrasburgo y recuperar las energías con el sabroso colesterol de la sopa gulash (carne en salsa asada con nata y arándanos, que se acompaña con knedkliky o masa de pan en rodajas).  

En la siguiente jornada nos acercaremos al barrio judío y como portal nos servirá la estatua conmemorativa (que representa a un hombre sin cabeza) de Frank Kafka, que era oriundo de la Praga Judía.  Nació en 1883 y vivió junto al reloj medieval. El autor de "La metamorfosis", "El Proceso" y "El Castillo", supo adentrarse en la angustía del siglo como pocos escritores.


El pueblo hebreo se asentó en Praga en el siglo XII. En la actualidad es el barrio de Josefov. Podemos visitar la sinagoga Maisel, la sinagoga de Pinkas, donde se puede ver la exposición de más de cuatro mil dibujos de los niños judíos que fueron encarcelados y muchos asesinados por los nazis en el campo de concentración de Terezin, en el norte de Bohemía. Dentro de la sinagoga están inscritos los nombres de más de 80.000 judíos checos que murieron durante el nazismo.



A pesar del reducido espacio que ocupa,  hay más 100.000 enterramientos. Los desniveles del terreno se originan al estar acumulados en más de 12 estratos que se derrumban con el paso del tiempo, ya que la costumbre judía es cubrir con  tan solo un sudario los cuerpos. Resulta curioso ver unas piedrecitas sobre las lápidas. Se trata de la costumbre hebrea de sustituir la flores efímeras por la eternidad de las piedras. Aquí está enterrado el rabino Löew, que según la leyenda, creo al Golem,
hombre artificial para vencer a los enenmigos de los judíos.  


También podemos visitar la  hermosa Sinagoga Española, en esta zona se asentaron los judíos expulsados de España en el siglo XV por Isabel la Católica.


Praga es una ciudad  para recorrerla a pie y para reposar y leer en los cafés; los más famosos son el Slavia, en la calle Narodni, el Savoy, en Vietzna, 5 y el Louvre, el predilecto de Einstein, Kafka y Rilke. Ìmpresionante es Obecni Dum en Namesti Republiky, 5).


El viaje se acaba, el lujo de Praga se plasma en el famoso cristal de Bohemia y en la música clásica. Conciertos en capillas se ofrecen a casi todas horas. Mozart compuso y estrenó Don Giovani. Mozart no encontraba la inspiración porque residía junto al Teatro, muy cercano al Mercado de Frutas y allí las mozas le distraían. Finalmente, su mecenas lo alojó en otro lugar, junto al cementerio y allí sí estuvo más inspirado.

   
Lennon también está presente en Praga. De forma espontánea se empezó a pintar un muro bajo el puente de Carlos recordando su asesinato en 1980.

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