¿Lo he soñado?

La realidad copia a los sueños. Gabriel García Márquez.

Nada hay tan novelesco como la realidad.
Advertencia de la película EL CLAVO.

13 julio 2009

Menos riesgos y menos pereza para viajar





La época de vacaciones suele acarrerar horas de viaje por carretera. Pero ahora tenemos una alternativa excelente por el sosiego que supone nuestro AVE, admirado nada más y nada menos que por Obama.

Viajar de Madrid a Barcelona en poco más de dos horas y media es un privilegio que debemos aprovechar. Nos evitamos la pesadez de conducir nuestro coche y el viaje será más relajado. Podremos leer, ver el paisaje (y la burbuja inmobiliaria del último lustro) o una película, escuchar por esos auriculares (más bien deficientes) que te dan las azafatas y tomarte un canapé en el vagón bar mientras viajas a trescientos kilómetros por hora.

Sin atascos llegamos al centro de la ciudad. Sin frenazos bruscos y sin adelantamientos emulando a los Brawn. Con puntualidad y sin alarmarte con la forma de ponerte un chaleco salvavidas. Sin radares ni peajes. Me parece que todo son ventajas, salvo algun pequeño inconveniente que pueda aparecer por la eventual tabarra que provenga de algún fanático del móvil. Tampoco es necesario que hagan alardes de la potencia del aire acondicionado, así evitaremos algun que otro escalofrío.

Por lo demás, fenomenal. Antes llegas a tu destino de vacaciones, antes disfrutas. Por cierto, Barcelona es una joya del Mediterráneo, una ciudad muy recomendable: ofrece arte, playa, rodeada de montañas, con calles medievales y con la huella de Gaudí (tenemos alguna muestra arquitectónica en una ermita (imagen superior) de la provincia de Toledo, de un discípulo suyo, concretamente en Huerta de Valdecarábanos) en la Sagrada Familia y en sus mansiones modernistas como La Pedrera y casa Ballbé.


Barcelona, también es un modelo a seguir por la apuesta que hace por la bicicleta, tanto por sus 138 kilómetros de carril bici como por la presencia del Tour de Francia con dos etapas (llegada y salida por sus calles con la mirada de Cristóbal Colón como testigo). Incluso, en pleno atardecer, por la La Rambla, uno se puede topar con un nudista tatuado (caminaba rápido y parecía un sesentón).

Digna de visitar. Hasta Woody Allen la recomienda. Pero, cuidadín con los paseos nocturnos por el barrio de El Raval. Si por equivocación, una noche te adentras caminando por esas calles, te subirá la adrenalina y no te atreverás a preguntar a nadie cómo salir de allí.

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